A las 4.00 a.m. me he despertado sobresaltada por dos pesadillas. La sensación era angustiosa, no podía respirar al principio. Poco a poco se me ha ido pasando... aquí la transcripción directa, sin releer, a la vieja escuela, de lo que he escrito nada más despestarme.
La biblia de los vampiros
Después de que mi madre viniera de visita improvisada a mi casa (donde vivo con mi hermana) y encontrara condones por el suelo y posibles restos de drogas (que cuelga con chinchetas en la puerta de mi cuarto que está adornada con muchas cosas que no recuerdo, pero son todas iguales menos eso, queda guay, el efecto estético me gusta), me insultara llamándome puta y cosas así se va de paseo. Salgo a la calle con ella. Lleva mi bolso naranja. Creo que he olvidado las llaves en casa pero compruebo que las llevo encima. Voy a comprar a unos kioscos de golosinas que están en avd. blasco ibáñez y no existen en realidad voy a uno a mi derecha, el hombre tarda mucho en atenderme, me ignora. Voy al de enfrente que es un típico kiosco verde. Me atiende una mujer. Le pido un regaliz y me llena una bolsa de chucherías mientras hablamos sobre cosas muy ambiguas relacionadas con algo oscuro, exoterismo… es muy guapa cuando lleva sus enormes gafas de sol puestas. Es rubia. Tiene labios bonitos, pero cuando se quita las gafas es verdaderamente fea. Aparece de repente un hombre joven sentado en el mostrador del quioco. Lleva rastas y es muy guapo. Se une a la conversación. Sigue siendo oscura, me siento cómoda, poco a poco se orienta hacia el tema de vampiros. Agradezco la bolsa, me muestro de esa forma amable en que me muestro ante los dependientes y gente de cara al público, parientes de amigos etc. pido un regaliz rojo con pica pica, se confunde y busca un libro… yo no entiendo. No quiero un libro ni un boli. Se lo digo. Me da el regaliz y llena otra bolsa de chuches. Seguimos hablando. El chico de rastas nos quiere hacer una foto pero yo no me entero, ella se abalanza sobre mí a darme un abrazo, yo la beso en la mejilla… nos está haciendo la foto y ahora soy consciente. No miro la foto ni vuelvo a ver al chico de rastas. Salen del kiosco, yo voy para casa. Aquí empieza a mezclarse el orden cronológico y lógico del asunto. Mantengo una conversación con ella por messenger en la que me doy cuenta de que es una especie de reina de los vampiros que me quiere matar. Por primera vez en mi vida siento miedo de un vampiro. A la vez estoy en un pasillo blanco sucio, persiguiéndola para pagarle por las golosinas 2€, me parece excesivo porque soy una egoísta que no quiere darle nada, porque yo quería sólo 2 regaliz y no 2 bolsas de chuches. Sigue conversación por messenger donde me habla de una biblia de los vampiros. Se abalanza sobre mí en el pasillo, la esquivo me persigue…. Mi madre me ha traído la biblia a la habitación diciendo: "os he comprado un libro igual que la Biblia, pero que no se llama Biblia, pero es igualito, es lo mismo."
El último aliento de mi abuela
Mi hermana y yo colocamos a mi abuela moribunda en una cama. Yo me pregunto si no estaba muerta ya y me siento culpable por ese pensamiento (aunque está muerta efectivamente). La colocamos con mucho cuidado. Ella gime de dolor. La acariciamos. De repente se anima de una manera en la que yo jamás la había visto. Dice que quiere ver llover, que se aburre tumbada, que quiere ver llover en el salón. Yo sola la ayudo a levantarse aunque parece que no le hace falta, se sienta de un salto en la cama. La agarro del brazo. Va en camisón blanco o azul clarito desgastado, de franela y descalza, claro. Tras un primer paso firme resbala, yo la intento sostener pero se me cae encima, de espaldas. Gime. “Me muero, me muero” dice, y exhala su último aliento agónico (recuerdo pensar estas palabras exactas en el sueño, es como si me lo relatara a mí misma mientras sucede), terrorífico, mirando hacia arriba y poniendo los ojos en blanco. Yo grito “abuela, abuela” sin parar y me despierto con mis propios gritos.