sábado, 9 de agosto de 2008
martes, 5 de agosto de 2008

Por la ventana asomaban los gatos. Ni rastro de mis ojos.
domingo, 8 de junio de 2008
La puta distancia (otra vez sucumbiendo al pasado)

miércoles, 28 de mayo de 2008

martes, 13 de mayo de 2008
Ya me callo la puta boca
acontecimientos para repensarlos, recrearlos y
alimentarnos de ellos. No veo más que este humo que turba
y desconsuela, todos sabemos ya que no hay consuelo en la
filosofía. Tal vez el sol, un sol de mediodía, con la
sombra más corta, el sol de Zaratustra. Insistes en
compartirlo, porque somos todos, porque el súper hombre
no es un individuo ni podría serlo. El sueño empieza a
bostezar entre nosotros, la primera luz de la mañana se
acerca y sigues insistiendo en verbalizar, en hacerlo
nuestro. No, o quizá sí, ya no sé si quiero que sigamos
engendrando verdades que no pasan de ser cigoto, armadura
para cerrarnos en banda al resto: mejor aniquilémoslas.
Golpeemos en el epicentro de nuestras creencias,
echémoslas por tierra y quedémonos solos, con los ojos
grandes al mundo, de par en par, encendiendo velas a los
dioses esparcidos por el suelo agradeciéndoles que un día
nos amamantaran con el maná de la seguridad, el que ahora
nos permite seguir vadeando este océano sin tierra firme,
aguantando juntos, lúcidos, tranquilos, permitiéndonos el
desliz de agarrarnos a un clavo ardiendo. La filosofía
acabó en Parménides ¿no? Pues voy a cerrar la boca (o a
levantar las manos, que en este caso sería lo más
correcto) y a asentir: SER, no es más, el resto…
palabras, cantos en el mar.
martes, 19 de febrero de 2008
La puta distancia (o cómo sucumbir al pasado)
Te observo, de lejos, mientras cantas. Las venas de cuello invitan a un sueño del que no puedo participar, no ahora, ni aquí. Tu pecho al cielo, los brazos abiertos y un rugido, sabor a vinagre, amargo como el amor en aquél colchón sin sábanas. Sigo las huellas de tus amantes por tu espalda, cicatrices de batalla, vomitas niebla y te cubre, te envuelve entre risas y ojos de gato, abiertos, alerta, que sueñan con que no pueden soñar un mundo mejor. Me azuzas y me quemo, me recojo el pelo y te presto una almohada para hacer más cómodo este viaje a ninguna parte, en el que ninguno de los dos termina por encajar en su asiento junto al otro. Nuestros brazos forman las piezas de un puzzle confuso, informe, sin razón ni orden, se descompone y nos grita para dejar de intentarlo. Pero seguimos… entre vino barato, cerveza de barril y el toque intelectual de las luces de neón y esa música que no nos deja hablar, sólo imaginar la conversación. Caras guapas entre mis manos, cabellos suaves entre las tuyas, bien peinados, sin remolinos, sin nudos, con colores de fantasía y esos ojos, esos ojos que no podrás olvidar. Pero vuelves a un metro y medio del suelo, a la altura de mi sonrisa torcida y apagada, sonrisa negra perfilando un futuro estático lleno de vacío. Intentamos el viaje de nuevo, en direcciones opuestas sin soltarnos la mano. Vuelven las caras guapas a mis manos y los cabellos suaves a enredarse entre tus dedos.
domingo, 17 de febrero de 2008
domingo, 13 de enero de 2008
El balanceo de un hueco que se expande y se hace pequeño. El amor que me deslumbra, que me devuelve un destello en el espejo, una sensación fugaz, efímera, una ilusión de otra ilusión. Es un sol templado que abrasa en el parque, unos guantes que no impiden que sangren los nudillos. Aprecio el vacío estimulante, el impulso de las ansias de romper para siempre con la nada y del duelo por su ausencia. Abro las manos, extiendo las palmas a un cielo ignorante, confuso, que no sabe lo que le pido. Me encojo buscando el brazo protector que promete que todo irá bien, acelero y la caída no llega a materializarse, pero amenaza. La amenaza del horror por lo monstruoso, por esa máquina gigante que me apremia a formar parte de sus engranajes mientras me precipito transformándome en tuerca, en bujía lubricada por el dolor escurridizo de mis lágrimas. Sueños de cuentos de hadas, de whisky barato, de lecturas a oscuras y humo de tabaco. Imagino y mis pies se sostienen sobre ese imaginario eludiendo la amenaza… son cuentos de hadas. Trazo un plan y me diluyo entre sus líneas, sus marcas rojas, sus perfectos silogismos hasta que de mí no queda nada y entonces, empapada por su belleza, calada hasta los huesos de la perfección de su esquema, del final sorpresivo, de las frases geniales, de la profundidad que le dan a mis ojos las gafas resurjo rompiendo, rajando, desquebrajándolo todo hasta diluirlo a él en los surcos vertiginosos de mis circunvoluciones cerebrales, en la carne y los pelos y lo más podrido que pueda expulsar de mí y lo alejo, lo arrojo fuera, lo escupo… hasta engullirlo, entrañarlo, gestarlo en mi gemelo y parirlo por mi cabeza.



