miércoles, 26 de septiembre de 2007

La erótica del terror

Me fascina el terror, tal vez por eso dedico mi tiempo a despertar monstruos. Abro la tapa de su ataúd y dejo que chirríe. Es un gesto de lo más masoquista que, como todos los gestos masoquistas, encierra un profundo placer indescriptible, inefable... "El orgasmo está ahí, no es metafísica, ni ontología, no hay epistemología posible, ni siquiera cabe nombrarlo porque no estaríamos diciendo nada". El orgasmo producido por el miedo, por el terror más oscuro y siniestro, por la contemplación directa de cierto apocalipsis -cada muerte particular- es lo que persigo, lo rastreo con cada pensamiento, es más, lo busco en el Pensamiento. El placer de pensar la transgresión, la violación de la historia, es el placer de provocar el aborto de nosotros mismos con cada palabra. El contraste entre lo vivo y lo muerto, la dialéctica entre ambos (los vivos ven las fauces de la muerte con el mismo espanto que los que se encuentran al otro lado del espejo... los escalofríos de la amenaza de vida para un muerto) asusta y seduce, ahí es donde encuentro lo sublime. Vuelvo al orgasmo, a lo que no se puede pensar, a lo que es vida pura: derribo sus altos muros o tal vez los desplazo más allá. He ahí la importancia de lo que hago, he ahí por lo único que vale la pena. Crear un espacio nuevo donde ubicábamos el non plus ultra, es más, crear un espacio nuevo en el mismo suelo que pisaba un instante antes. El pensamiento consiste en trazar un mapa cada vez, un mapa sin señales, sin marcas, sin rutas repetibles. La vía experimental para la demostración consiste en cargarnos con unas pautas, unos pasos, normas y guías tales que posibiliten el mismo resultado para cualquiera que quisiera repetirlo. Esto es todo lo contrario: mi mapa es un antimapa, cualquiera que lo use se verá obligado a trazar su propio camino según camina y seguramente nunca se cruce con el mío... Ni siquiera yo puedo retomar mis propias huellas la siguiente vez que vuelvo la vista sobre él. Esto es el terror, este es el orgasmo, el placer del terror. La instalación en lo líquido, en lo móvil y contingente, la ausencia de rutas seguras, de roca dura, de orillas en las que reposar, la visión de la estepa o del mar abierto, el vacío del sinsentido: eso, eso es el miedo.

martes, 25 de septiembre de 2007

Mi maestro

Vuelta a la vida activa, a los proyectos y a las ilusiones de principio de curso. Son muchas las cosas que quiero hacer y muchas las puertas que me están abriendo.
Tengo que dar las gracias a LF, una de las personas más grandes (y no precisamente por su tamaño) que he conocido jamás. Que confíen en una siempre alegra, pero que sea alguien como él... es todo un estímulo, una medalla a mi ego, un refuerzo a mi entusiasmo. Soy muy joven, como él dice, y tengo todo por aprender todavía, pero si él está a mi lado mis metas empiezan a perfilarse en el horizonte más nítidas... Me acerco a él como una niña avergonzada y él me acoge como a su hija pródiga, soy una de las tantas hijas que no ha podido tener, así me siento y sé que en parte así me siente él también. "Estás en pleno estructuralismo francés!", "Sí, bostezando ya del sueño dogmático" y nos reímos... no hay mayor comprensión que una risa compartida. "Enséñame, explícame a Hume" me decía en el colegio mayor, a mí, con mis 19 años, y me escuchaba atento, me hacía repetir frases mientras me apoyaba la mano en el hombro, acercando su oreja a mis labios. "Qué puedo enseñarte yo?" Ahora, tres años después, comprendo su cara de incredulidad. "Déjame ayudarte, quiero participar de lo que haces. Eres una persona a la que me gusta seguir" Le gusta seguirme, me dice con su entusiasmo de chiquillo... a mí me gusta estar sentada, fumando un cigarro, escuchando sus historias, repensando con él todos los problemas desde Galileo, haciendo preguntas impertinentes que le hacen apuntarme con la tiza, imaginando otros mundos posibles. No sé cuánto tiempo me queda a su lado, sólo sé que quiero estrujarlo, alargarlo y aprovecharlo como nunca he sabido hacer. Este año vengo cargada de fuerza, de ilusiones. Él seguirá a mi lado y yo seguiré al otro lado de su mesa.

***Comprendo que este texto no tiene mucho interés para nadie excepto para mí, pero necesitaba escribirlo, describir lo que siento ahora mismo para releerlo cuando las fuerzas flaqueen.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Let's do the time wrap again!


Un domingo más perdido en la cotidianeidad absoluta. Asfixio las horas, las dejo morir en el reloj digital del cuarto, sus números fluorescentes parapadean y no recuerdan qué deberían estar marcando en este momento. Hoy he estado especialmente preocupada por la percepción del tiempo, he observado mis conversaciones con detenimiento, ritmos en las películas, reflexiones de otros... no encuentro nada que me ofrezca una respuesta satisfactoria más allá del "antes" y el "después", pero el antes y el después se confunden en mi memoria y entonces el tiempo desaparece con ellos. Es estrecha la línea entre la locura y la cordura, sobre todo en nuestra época. Cualquier desviación de lo usual pasa a ser considerada inmediatamente una enfermedad, lo enfermo es lo contrario de lo sano y lo sano, como dice un amigo mío médico, es lo normal. Cómo podemos trazar una línea, un intervalo o cualquier tipo de frontera entre el sano y el enfermo, el cuerdo y el loco? Acaso no será un tipo de locura esa necesidad de estructurar, la obsesión por el control, el deseo inevitable de dominar? Adán dominó la naturaleza imponiendo nombre a las cosas, dominó la naturaleza imponiendo la Ley aprendida del mismísimo Dios por la que existen un bien y un mal, un conocimiento y una ignorancia, todos opuestos entre sí. Eva transgredió el sentido del bien y del mal y le tuvo que ser impuesto a través del castigo físico, pero ella no parecía sufrir. Pandora, como Eva, tampoco sufrió al liberar los males del mundo, sino al ser castigada por Epimeteo. Liberarnos del tiempo debería ser un paso más allá de la liberación del juicio, debería suponer romper otro de los grilletes de la caverna platónica. Pero, sin embargo, sigo escribiendo primero "Un domingo más..." y más tarde "Liberarnos del tiempo..." y vosotros seguís leyendo lo uno antes que lo otro, seguís viviendo conmigo el antes y el después. Sólo en la memoria, en la imaginación y en los sueños logramos ser como Eva pero con la manzana que nos ha tocado morder. Transgredir el tiempo... un placer reservado para Caín y Lilith. Sólo para ellos dos.

[Acabo de ver The Hunger, por si cabía alguna duda. Es ver sangre y entrarme la melancolía...]

sábado, 22 de septiembre de 2007

Delirium tremens

A las 4.00 a.m. me he despertado sobresaltada por dos pesadillas. La sensación era angustiosa, no podía respirar al principio. Poco a poco se me ha ido pasando... aquí la transcripción directa, sin releer, a la vieja escuela, de lo que he escrito nada más despestarme.

La biblia de los vampiros

Después de que mi madre viniera de visita improvisada a mi casa (donde vivo con mi hermana) y encontrara condones por el suelo y posibles restos de drogas (que cuelga con chinchetas en la puerta de mi cuarto que está adornada con muchas cosas que no recuerdo, pero son todas iguales menos eso, queda guay, el efecto estético me gusta), me insultara llamándome puta y cosas así se va de paseo. Salgo a la calle con ella. Lleva mi bolso naranja. Creo que he olvidado las llaves en casa pero compruebo que las llevo encima. Voy a comprar a unos kioscos de golosinas que están en avd. blasco ibáñez y no existen en realidad voy a uno a mi derecha, el hombre tarda mucho en atenderme, me ignora. Voy al de enfrente que es un típico kiosco verde. Me atiende una mujer. Le pido un regaliz y me llena una bolsa de chucherías mientras hablamos sobre cosas muy ambiguas relacionadas con algo oscuro, exoterismo… es muy guapa cuando lleva sus enormes gafas de sol puestas. Es rubia. Tiene labios bonitos, pero cuando se quita las gafas es verdaderamente fea. Aparece de repente un hombre joven sentado en el mostrador del quioco. Lleva rastas y es muy guapo. Se une a la conversación. Sigue siendo oscura, me siento cómoda, poco a poco se orienta hacia el tema de vampiros. Agradezco la bolsa, me muestro de esa forma amable en que me muestro ante los dependientes y gente de cara al público, parientes de amigos etc. pido un regaliz rojo con pica pica, se confunde y busca un libro… yo no entiendo. No quiero un libro ni un boli. Se lo digo. Me da el regaliz y llena otra bolsa de chuches. Seguimos hablando. El chico de rastas nos quiere hacer una foto pero yo no me entero, ella se abalanza sobre mí a darme un abrazo, yo la beso en la mejilla… nos está haciendo la foto y ahora soy consciente. No miro la foto ni vuelvo a ver al chico de rastas. Salen del kiosco, yo voy para casa. Aquí empieza a mezclarse el orden cronológico y lógico del asunto. Mantengo una conversación con ella por messenger en la que me doy cuenta de que es una especie de reina de los vampiros que me quiere matar. Por primera vez en mi vida siento miedo de un vampiro. A la vez estoy en un pasillo blanco sucio, persiguiéndola para pagarle por las golosinas 2€, me parece excesivo porque soy una egoísta que no quiere darle nada, porque yo quería sólo 2 regaliz y no 2 bolsas de chuches. Sigue conversación por messenger donde me habla de una biblia de los vampiros. Se abalanza sobre mí en el pasillo, la esquivo me persigue…. Mi madre me ha traído la biblia a la habitación diciendo: "os he comprado un libro igual que la Biblia, pero que no se llama Biblia, pero es igualito, es lo mismo."

El último aliento de mi abuela

Mi hermana y yo colocamos a mi abuela moribunda en una cama. Yo me pregunto si no estaba muerta ya y me siento culpable por ese pensamiento (aunque está muerta efectivamente). La colocamos con mucho cuidado. Ella gime de dolor. La acariciamos. De repente se anima de una manera en la que yo jamás la había visto. Dice que quiere ver llover, que se aburre tumbada, que quiere ver llover en el salón. Yo sola la ayudo a levantarse aunque parece que no le hace falta, se sienta de un salto en la cama. La agarro del brazo. Va en camisón blanco o azul clarito desgastado, de franela y descalza, claro. Tras un primer paso firme resbala, yo la intento sostener pero se me cae encima, de espaldas. Gime. “Me muero, me muero” dice, y exhala su último aliento agónico (recuerdo pensar estas palabras exactas en el sueño, es como si me lo relatara a mí misma mientras sucede), terrorífico, mirando hacia arriba y poniendo los ojos en blanco. Yo grito “abuela, abuela” sin parar y me despierto con mis propios gritos.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Pero... ¿Quién es Pandora?


La autocompasión del suicida no es noble
Pero, joder, te salva la vida.
[Fragmento del primer poema que escribimos juntos, como siempre sin que tú quisieras]

Está bien perdonarnos de vez en cuando a nosotros mismos, agachar la cabeza ante nuestra mirada y admitir que teníamos razón. Está bien desgarrarnos la garganta para lograr un poco de silencio... aunque el útero donde yace el ruido no lo encontremos allí. Ismael me ha enseñado muchas cosas, entre otras a ser indulgente con mis errores pero esto no ha sido una lección vital. Digamos que Ismael no me enseña con sus palabras lo que yo aprendo de ellas, digamos que reconozco lo absurdo de las uñas clavadas en los propios ojos para no vernos a nosotros mismos cuando extraigo con pinzas las espinas de las yemas de sus dedos (en el sentido más literal). Pandora tal vez sea la madre de todos o tal vez sea su madrasta. Pandora es curiosa, mucho, siempre escarba donde no toca, donde no le dejan, donde no le llaman. Ismael me abraza y musita tiernas palabras de afecto y pretende comprensión... yo siento la piel ardiendo bajo su mano. Ismael envía postales desde una terraza en Lisboa, nos piensa, nos dice, y nosotros le pensamos todos los días porque está en cada átomo de la ahora densa atmósfera de esta casa, porque lo encuentro en cada mota de polvo de mi cuarto, porque vive en cada gramo de mi culpa inexpugnable. Ismael moldea a Pandora tanto como yo, tiene ojos de agua como una burda metáfora de la transparencia de su alma. Poco a poco he sacado los horrores de esta caja que es su mente, poco a poco he agrietado sus sólidos cierres metálicos. Y al final, la esperanza disfrazada de cordura o todo lo contrario nos ha mirado a los dos a la cara. ¿Por qué querrías estar a mi lado? ¿Qué se refleja de este silencio, de esta frivolidad, de esta prepotencia en esas pupilas tuyas, tan absorbentes como tus labios y sus historias? ¿Qué ves, mi pequeño, qué ves que es Pandora?

Inconspicue partielum (o el arte de inventar palabras)


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¿Lo oyes?
¿Oyes ese ruido descompasado?
Es mi corazón.
Y te lo digo con una sonrisa enorme, de aquí a Buenos Aires.
Ino duerme tranquila tumbada sobre una sábana blanca, o lo intenta, creo que mi corazón está demasiado escandaloso esta noche, temo despertarla. Pero no quiero que deje de latir.
No hay más ruido en este cuarto, ni en este universo, que el de mis latidos y el de mi respiración. Y siento cierta presencia mirándome a través de las tapas de
Hiroshima, mon amour, me gusta esa presencia a pesar de que me asusten a veces sus palabras. Todos queremos decir algo mientras hablamos de otra cosa. A todos se nos hacen un lío las sábanas y la lengua y los oídos. Todos queremos ser importantes ¿verdad, corazón? Tú que te empeñas en hacerte notar esta noche, alegrándome, llevando la sangre desde los tobillos al cerebro, oxigenando las zonas muertas. Corazón, no puedes hacer hoy todo el trabajo de una vida, déjalo estar. Ve tranquilo, encuentra tu ritmo, deja que fluya en la medida en que te sientas cómodo con él, viviendo de él. ¿Qué puede preocuparnos ahora? Somos fuertes y hemos salido adelante todos estos años, podremos seguir ahora. Todos necesitamos compañía, incluso el lector rebelde que frunce el ceño y por un momento se imagina que soy argentina. ¿Qué nos quieren decir los silencios o las palabras alborotadas? Necesitamos el control pero hemos de aprender a vivir huérfanos de dioses, de normas, de estabilidad. Nuestro universo fluido es incierto, inseguro, tropezamos y caemos con el agua al cuello y no hay escapatoria... nuestros zapatos nos llevan al camino tanto que el camino son ellos mismos. No importa que hables, ni que calles, no importa lo que diga tu rodilla apuntándome. Hoy esto lo he escrito por ti, porque creo leerme en tus pupilas escurridizas. ¿No es este el mejor reclamo para que me escribas algo?
Está todo claro y está todo bien.
Me quedo con mi corazón y con el libro, todos tenemos nuestra enfermedad.

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miércoles, 19 de septiembre de 2007

La anatomía del Terror


Las religiones se asientan sobre el miedo, pero desconocen la anatomía del terror.
John Carpenter, In the mouth of madness.

Diálogo con la Nada. La danza de lo Absurdo.


Ponemos nombres propios a los conceptos que nos atraviesan porque no son nosotros, queremos verlos como un afuera al que nos enfrentamos pero al que no pertenecemos. Es en la dialéctica con el Otro, en el éxito de esta dialéctica de reconocimiento, donde aparecemos patéticos y vulnerables. Nos gusta pensarnos recubiertos de una cierta membrana anatómica superpuesta a la piel misma, por la que comunicarnos con el mundo por osmosis, pero esta membrana nuestra presume de impermeable orgullosa. ¿Qué tiene el miedo que nos atrae, que nos seduce y nos envuelve, acelerando las pulsaciones, la respiración, los parapadeos? ¿Porque sentimos la vida? ¿Porque nos ciega la sangre? Vampiros sedientos, adictos a estar vivos, a la carne, a la sangre, a las vísceras y órganos. Succionamos el flujo vital del Otro, devoramos las coordenadas del afuera, desgarramos las claves de la identidad. Vampiros sedientos de vida desde la muerte, acostumbrados a diferenciarlas reconocemos en un CRASH que no son más que la misma cosa… pero estamos podridos. Huele la putrefacción, sentimos el hedor de nuestras rodillas, de nuestras ingles jóvenes ya muertas. La curva de mi espalda se arquea en un gemido de muerte, desprende fuegos fatuos y exhala otro aliento (no hay nunca un último) y otro… y otro… hasta que el siguiente te hace enloquecer. La locura de lo mismo, de lo de antes, el loco es el que vuelve al pasado en un giro suicida de cuello, clic clic clic clic crash… y el crash mira hacia delante con el pecho en la espalda.

martes, 18 de septiembre de 2007

El hombre valiente

Las mujeres de la plaza aplauden el desfile y vitorean a la víctima. Hoy otro valiente, otro héroe, será sacrificado en nombre de la justicia. Los niños forman piña, alguna se limpia la nariz pecosilla con el reverso de la mano gimoteando, otro está rojo de rabia y patalea, unos cuantos ríen tramando alguna travesura... En el pueblo hoy sólo ha habido agitación, la panadera ha sacado un puesto a la calle y vende migas a los paisanos que van a ver la ejecución, pero casi nadie compra y ella casi ni se preocupa. Hoy todo es ese Hombre, ese valiente que se atrevió a decir no en nombre de todos. Ninguno sabe cómo se llama, algunos han empezado a llamarle Jesús para provocar, pero todos son conscientes de que no tiene nada de Santo, ni de Mártir. Muere en nombre de la justicia y por la justicia, muere defendiendo a un pueblo y a una gente, pero su acto es completamente egoísta. ¿Qué decir de este hombre? Arrastrado por el suelo por dos caballos, sostenido por los hombros, está llorando, rabioso, triste, asustado... Es un hombre cualquiera, se cagará en Dios y en el Rey cuando le quemen el pecho, pedirá clemencia y le ofrecerán la horca. No es un valiente de los libros de texto, ni de las películas de Hollywood. No es William Wallace, ni Juana de Arco, ni el Ché, ni Sadam. ¿Dónde está su valentía? ¿Dónde su espíritu revolucionario? ...

Calma


Me siento como la mujer del cuadro, tranquila, sin ninguna preocupación. Mi blog es un tanto esquizofrénico, supongo que responde a mis estados mentales. Llevo un par de días de pura calma, encontrándome a mí misma y encontrándome más a menudo con la gente que me gusta, sí, esos que hablan al revés (alom) y ven pelis sin parar. Echo de menos a cierta persona que potenciaría esta calma, ese de ojos de niño y el pelo revuelto... me encantaría verlo dormir en el sofá. La vida últimamente es alegre, aunque no salgan las cosas bien, aunque se ponga a llover justo cuando tiendo la ropa. Siempre habrá más posibilidades, siempre hay caminos por recorrer. Juego a recostarme sobre mis rodillas y me siento protegida, sé que no soy todo lo que necesito, pero por ahora me basta. Llegará un tiempo, soy consciente, en que necesite de los demás, pero ahora... no, desde luego no es necesidad. Es alegría, pura alegría de verme vivir este trocito de vida con los otros y de ver que a esos otros también les causa alegría compartir su trocito de vida conmigo.

lunes, 17 de septiembre de 2007

De cómo cambia tu vida por no leer la siguiente línea

Necesito trabajo, bueno, no. Lo que necesito es dinero. La verdad es que me hace gracia, tengo pesadillas, pero me hace gracia. Hoy es uno de esos días en los que muchas cosas salen mal, pero te encuentras optimista. De alguna manera la Nada se fue de mi cuarto, sé que soy fuerte. Debí haber sido yo la que la echó por la ventana y la tiró al patio de luces, y allí está, aplastada contra el suelo. Hoy es uno de esos días en los que resuena la frase del gran filósofo Jaeger (Mick Jaeger) you can't always get what you want y, sin embargo, todo está tranquilo, todo está bien... no importa si no puedo conseguir lo que quiero, si no viene a mí el dinero, si los hombres se aburren de mis tonterías, si no resulto atractiva para las mujeres, si mi gata prefiere dormir sobre otras almohadas... Sigo viva, y con fuerzas. Y es que ayer casi dejo de estarlo y eso te da mucha energía, mucho optimismo y ganas de seguir. Voy a aprovechar lo que quede, no sé cuánto, tampoco me importa mucho. Ayer tuve un susto demasiado grande para mis 22 años. Voy a disfrutar, quiero estar al lado de los que quiero, quiero leer lo que me venga en gana, quiero ver pelis, escribir guiones (ayer por la noche empezamos uno que promete) y olvidarme de que a lo mejor mañana no me despierto. Porque no sé si puede pasar, porque tal vez haya sido sólo un susto, una tontería, pero tengo miedo. Y al miedo sólo se le vence a base de sonrisas y caricias en el pelo.

jueves, 13 de septiembre de 2007


Nada. Pues eso. Que hoy no tengo nada, nada me queda. Me siento un trasto inútil en mi propia vida, un impedimento, un estorbo para mí misma y, sin embargo, tan imprescindible… Nada, no hay ilusiones. No ha habido ninguna desilusión, ningún encuentro desafortunado, ninguna baja en mis proyectos. Sólo ha aparecido la Nada, resplandeciente con su traje de muerte, con sus ojos de muerte y sus dientes de muerte. Cuando la Nada llega es imposible ofrecer resistencia, todo pierde sentido y todo se deja… a medias.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

El peso del mundo


Todos los caminos de mi mente llevan a ti.
Tú eres todos mis paraderos.
Tú; miseria, soledad, desidia…
cansancio de vivir sin vivir en ti.
Me arrulla la noche con su manto encarnado
tiemblan mis manos solitarias
hambrientas de caricias
mientras sólo reciben arañazos
de despedidas innecesarias.
Tal vez la muerte me aguarde
en cualquiera de las esquinas
que me llevan a tu casa
y no importará nada si puedo rozarte
…por última vez.
Es extraño sentirse fuerte tendida en el suelo,
los sentimientos son parte de nosotros
pero no encuentran su reflejo en el mundo:
la realidad no se hizo para ellos.
Mi lengua llora un dulce dolor
y me asegura que algún día
cuando ya no queden sacrificios
podré olvidar tu nombre.
Si me amaras, si tú me amaras
podría volver a mirarme en el espejo
podría volver a escribir sonetos
y sonreír… para ti.
Ahora sufro una merecida pena:
la indiferencia de mí
el vacío del yo
condena de los débiles
castigo de los cobardes.
Soledad en la masa ¡doloroso lugar común!
Abrázame fuerte, olvido,
corta la hemorragia de mi pecho
no dejes que con la sangre se me escape
el insoportable y tierno peso del mundo.

martes, 11 de septiembre de 2007

Misterio


Y el misterio

cantaba vivo
todavía en el agua y en los pájaros cantores
Dylan Thomas.

El misterio me acompaña, el misterio viste el tiempo con tela opaca impermeable y a mí me gusta que así sea. Disfruto jugar a buscar los bordes y enredar entre los pliegues, difuminados los días en su filtro negro. ¿Qué sucede? Es la cima de una montaña que comprendo que tarde o temprano tendré que volver a bajar, cayendo ladera abajo con el pelo enredado y heridas en los brazos y las rodillas. La caída no me frena, sino que me estimula. El dolor después de esto será tan grande que amaré con más fuerza la vida… será otro nuevo nacimiento que me conectará al mundo al igual que lo está haciendo esto. La tragedia es incomunicable y espero que no se lea en estas líneas, sino que calladamente se comprenda. Que con un ligero parpadeo asintáis a lo que digo y reconozcáis la peculiar locura que encierra, humana… demasiado humana.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Cosas que digo cuando nadie me escucha


Bartleby, el protagonista del cuento de Herman Melville Bartleby, el escribiente, representa un paradigma de resistencia ante el panoptismo, ante el nuevo modelo de vigilancia constante que ha reemplazado en el último siglo al conocimiento de sí a través del reconocimiento de una Verdad auténtica y un Dios verdadero. La creación poética de uno mismo presupone una deconstrucción de lo dado, como ya hemos visto, así como una resistencia. Bartleby se crea un espacio de resistencia desterritorializado, siguiendo una terminología deleuziana, una subjetividad propia que escapa a los procesos de creación de identidades impuestos por la sociedad de control. Sin embargo, una identidad desterritorializada, libre, supone acabar con el antiguo concepto de identidad rompiendo los esquemas lógicos aristotélicos. El yo deviene múltiple, al signo = de la relación lógica de identidad A=A ya no le sigue otra A, ni siquiera tiene por qué seguirle una letra, es más, ni siquiera tiene ya sentido la primera. El sujeto desterritorializado es un sujeto siempre en movimiento al que si hubiera que encerrarlo en los estrechos límites de una definición sólo podríamos hacerlo con las palabras constante búsqueda. Escapa a toda posibilidad de jerarquía y delimitación, y su posibilidad de indiferenciación está rota desde el principio tanto respecto de los otros, del afuera, como respecto de sí mismo. La diferencia es su identidad, por paradójico que resulte, y la clave de su resistencia.

sábado, 8 de septiembre de 2007


La tiranía destruye o fortalece al individuo; la libertad lo debilita y lo convierte en un fantoche. El hombre tiene más posibilidades de salvarse a través del infierno que del paraíso.

E.M. Ciorán.

Comprendo lo que dice Ciorán, pero todavía no termino de sentirme identificada con sus palabras, no encuentro la brecha, la grieta, por la que poder colarme yo misma. Leer siempre es un trabajo hermenéutico, interpretativo, donde somos nosotros los que nos ponemos en tela de juicio… lo demás es placer estético. Busco mi identidad unas veces como una fiera salvaje, arañando y destripando donde quiera que poso la vista. Otras veces el proceso es desesperado y agónico, busco en el espejo hasta abstraerme de lo que veo y me resulta imposible encontrar un más allá, un algo más, un algo que pueda decir “eh, oye, eso soy yo”. Por absurdo que sea, por incomprensible o paradójico, rastreo esencias en mis pupilas y debajo de mis uñas, pero no puedo escaparme del cuerpo, de este cuerpo que me ha tocado y que yo he ido transformando durante 22 años. Se notan las arrugas, las ojeras, las canas y el cansancio de las articulaciones… ¿eso soy yo? Pero ¡para! ¿tiene acaso sentido preguntarse quién soy? Eso es seguir buscando más allá. Cuando maté a Dios maté a todos mis dioses, entre ellos a mí misma. Ahora no hay marcha atrás posible, no hay resurrección. Entonces tendré que aprender a convivir con una desconocida que me resulta tremendamente familiar…