sábado, 9 de agosto de 2008
martes, 5 de agosto de 2008

Entendiste que era el final cuando viste mis huellas en el suelo. Ninguna conciencia podría seguir mis pasos. Sabías a dónde conducían, pero no querías saberlo, por eso te arrancaste el pelo a jirones, por eso te quemaste los párpados. Querías estar atento, alerta a cualquier olor que llevara mi nombre. Escogiste otro dolor, para calmar el de tus entrañas, pero nuestro hijo ya se gestaba en tu vientre y quería salir mientras tú buscabas la manera de hacerme daño. Pero no había esquinas en nuestra casa, ni objetos punzantes, no quedaba ya ni una gota de cianuro, lo habíamos ido destruyendo todo poco a poco, con esa calma que te caracteriza los días de sol, días rojo intenso.
Por la ventana asomaban los gatos. Ni rastro de mis ojos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
