miércoles, 28 de mayo de 2008


Todos duermen, a mamá no hay quien la saque de su dosis de emocor nocturna, no gana para disgustos, dice. Yo sabré qué hacer con ellos. Si los jodidos escalones no chirriaran esto sería menos siniestro, está bien que así sea, le da un toque de misterio al asunto. Quizá alguien ruede una película sobre mi vida alguna vez, deberían hacerlo. Ahí está el viejo gordinflón, borracho como una cuba. No se mueve, no reacciona. Las cerdas de la televisión local, se ha dormido empalmado el muy cabrón. Tengo que hacerlo bien. Los cordones de las zapatillas bastarán. Muy bien, así no podrá moverse, de todas maneras dudo que aguantara el equilibrio. Qué asco, este puto olor me ha perseguido toda la vida, vino barato o whisky o yo qué sé qué bebe este mierda. Se ha despertado, joder, bueno, tranquilo, entraba en los planes, aunque hubiera sido mejor despertarle con la pistola de agua. ¿Por qué chilla? ¿Es que acaso no sabe que ya está perdido? No tienes escapatoria, no, no, sale en demasiadas películas. Mejor voy a sonreírle, sí, sí, psicópata, dice. Yo no soy un psicópata, esto lo hago por un motivo, hijo de puta, esto lo hago por todos nosotros. Cállate. Toda la vida con esa puta palabra en la boca, Muñequita, pero ya soy un hombre y soy fuerte, lo sé. Puedo con este viejo. ¿Le escupo? No, mejor vayamos al grano, no quiero que Sara o el bebé se despierten y vean lo que tengo que hacer, no lo entenderían, son demasiado pequeñas, no comprenderían que es lo único que puedo hacer, que las estoy salvando. No te muevas, joder, lo vas a cagar todo. El cuchillo, ¿dónde coño lo escondí? Vale, en el sofá. Eres un maldito cabrón, mira cómo chilla, chilla como una niña en una peli de terror. Les diré que incluyan esto, al viejo borracho chillando como una niña. Ya no está cabreado, ahora está acojonado, lo veo en sus ojos. A-co-jo-na-do. Si hasta se va a poner a llorar. Pero hombre, si son unos cortecitos de mierda, Muñequita. Grita demasiado, me va a obligar a acabar con esto ya, con lo que me estoy divirtiendo. Cómo se retuerce, perrito mojado, triste en la carretera. No llores, no llores, no llames a tu mami, muñequita. Tengo que hacerle callar, la garganta, joder, cómo sangra, como el cerdo que es, lo va a poner todo hecho una mierda. Le salen burbujas por la raja, no sabía que esto fuera así, sí que tiene sangre el cabrón. Ya no se mueve. Cómo pesa, tendré que bajarlo en el ascensor. Y mamá, mamá se cabreará por la mañana cuando vea que tiene que limpiar todo esto.

martes, 13 de mayo de 2008

Ya me callo la puta boca

Aprendemos a vivir gritando, verbalizando los
acontecimientos para repensarlos, recrearlos y
alimentarnos de ellos. No veo más que este humo que turba
y desconsuela, todos sabemos ya que no hay consuelo en la
filosofía. Tal vez el sol, un sol de mediodía, con la
sombra más corta, el sol de Zaratustra. Insistes en
compartirlo, porque somos todos, porque el súper hombre
no es un individuo ni podría serlo. El sueño empieza a
bostezar entre nosotros, la primera luz de la mañana se
acerca y sigues insistiendo en verbalizar, en hacerlo
nuestro. No, o quizá sí, ya no sé si quiero que sigamos
engendrando verdades que no pasan de ser cigoto, armadura
para cerrarnos en banda al resto: mejor aniquilémoslas.
Golpeemos en el epicentro de nuestras creencias,
echémoslas por tierra y quedémonos solos, con los ojos
grandes al mundo, de par en par, encendiendo velas a los
dioses esparcidos por el suelo agradeciéndoles que un día
nos amamantaran con el maná de la seguridad, el que ahora
nos permite seguir vadeando este océano sin tierra firme,
aguantando juntos, lúcidos, tranquilos, permitiéndonos el
desliz de agarrarnos a un clavo ardiendo. La filosofía
acabó en Parménides ¿no? Pues voy a cerrar la boca (o a
levantar las manos, que en este caso sería lo más
correcto) y a asentir: SER, no es más, el resto…
palabras, cantos en el mar.