miércoles, 31 de octubre de 2007

La nobleza interior


Uno siempre intenta justificarse por sus actos, por sus decisiones, para convencer a los demás de una nobleza interior de la que jamás podría convencerse a sí mismo a no ser de ignorar ciertos hechos, por supuesto, a propósito. Pero la verdad es una amante cruel y la memoria no siempre evita el dolor, por mucho que nos esforcemos en fortalecer nuestros mecanismos de autodefensa. Con el paso del tiempo los momentos que un día nos resultaron especialmente duros se reblandecen en el líquido encefálico como hijos muertos antes del nacimiento que guardamos flotando en tarros de cristal en los sótanos del olvido. Al abrir un cuaderno antiguo te sientes desenroscando la tapa de alguno de aquellos tarros y extrayendo el feto todavía informe de su interior, en el que se presume una figura humana que encierra todos los secretos de una vida ya vivida.
El cuaderno de Pandora.

Supongo que este fue el motivo por el que comencé este blog.

martes, 30 de octubre de 2007

lunes, 29 de octubre de 2007

Desequilibrio e identidad


Unos y otros -mandobedientes y libertarios- compartimos la misma situación: una existencia capaz de darse innumerables perfiles, aunque sometida en todos ellos a duras condiciones de mantenimiento. Recurrir una y otra vez al exterior -el aguijón del hambre- se añade al imperativo de asegurar una interioridad defendida de la intemperie, y sólo desde esa camisa de fuerza otea el viviente algún goce. Pero sacamos fuerzas de flaqueza, y los goces compensan el esfuerzo.

Así como la naturaleza entrega los seres
a la aventura de su denso deseo, y
no protege a ninguno en su terruño o ramaje,
tampoco nos quiere más a nosotros
el fundamento de nuestro ser; se arriesga con nosotros.
Sólo que nosotros, más aun que la planta o el animal,
vamos con este arriesgar, lo queremos, y aun a veces
somos más arriesgados (y no por egoísmo)
que la vida misma, un soplo más arriesgados.
R.M. Rilke, en Sendas perdidas, de Martin Heidegger.

Extracto de Caos y orden, de Antonio Escohotado.

jueves, 25 de octubre de 2007

Tifariti, la ciudad liberada


Llevo ya un año corrigiendo esta novelita de Maruf, un escritor saharaui y una persona excepcional. La verdad es que la he tenido bastante abandonada, quizá porque no me lo había planteado como lo que es. Lo veía desde una óptica literaria, desde la cual no tiene mucho interés para mí, en lugar de verlo como activismo puro y duro. Esta gente no tiene voz, desde la civilización nos empeñamos en desgarrarles las cuerdas bucales, amputarles las manos, cortarles las alas. El enfrentamiento entre cultura y civilización viene desde hace ya casi un siglo, un largo siglo, cuando los alemanes defendían su kultur en la primera guerra mundial frente a la civilización que se empeñaban en ennoblecer los estirados ingleses y franceses. Dicen que la cultura pertenece a los pueblos cuya identidad es difusa, a aquellos que no tienen claro lo que son y necesitan afianzarlo. La cultura es la lucha por la identidad de un pueblo. Sin embargo, la civilización es propia de los pueblos que ya saben lo que significa ser quién son (y los ingleses y franceses a principios del siglo pasado lo tenían, al parecer, muy clarito) y pretenden extenderlo en una especie de proselitismo de sus valores, tradiciones y sistemas políticos. De este modo, la cultura se recoge sobre sí misma y la civilización estalla salpicando a todos los que tiene alrededor hasta entrañárselos -de ahí el colonialismo. El pueblo saharaui carece de identidad segura y posee una cultura rica de la que todos podríamos beneficiarnos. La comunicación con el afuera es indispensable para formarse una identidad propia, pero cuando el afuera es sordo y ciego esta comunicación es imposible. Dejémosles hablar, yo les presto mis palabras, podréis prestarles vosotros vuestros ojos?

miércoles, 24 de octubre de 2007




Empieza a hacer frío, llueve y apetece quedarse en el salón con la manta, el gatito y buen libro, tal vez una buena película. Es tiempo de estar con los de casa, con los de todos los días. En medio de esta rutina, deliciosa rutina cuando uno mismo la elige en cada uno de sus detalles, nuestra imaginación está preparada para recrearse en otros mundos, para imaginar otras vidas. La vida agitada, el estrés o las aventuras dejan poco espacio para esto. Ahora siento lo agradable que es tener un capuchino calentito entre las manos y pensar, mirando al vacío, sobre el arte, por ejemplo.
Sobre este cuadro de Rubens en concreto he estado pensando esta noche. Habrán sido apenas cinco minutos mientras esperaba que el termómetro me tomara la temperatura, pero al volver de nuevo a la realidad, al ver que lo que estaba mirando era un montón de papeles revueltos sobre la mesa, he tenido la sensación de haber viajado efectivamente en el tiempo, de haber estado realmente primero en la sala de la National Gallery sobrecogida, llevándome las manos a la boca para ocultar la emoción, y luego de haber estado en aquella habitación, espiando con las rodillas recogidas sobre el pecho el arrepentimiento en los ojos de Dalila, espantada por la tranquilidad de Sansón reflejada en los suaves movimientos de su pecho al inflarse por el aire y dejarlo escapar… una tiene sus deformaciones profesionales y le es inevitable preguntarse en esos momentos de experiencia estética qué demonios es eso a lo que llaman arte. Me resulta difícil explicar por qué Rubens me parece un genio o todo lo contrario. El arte es técnica y… dónde está la frontera entre el artista y el artesano? Quién es capaz de soportar el temblor del pulso al arrojar un cuadro a la basura o al colgarlo en un museo? (o, por decirlo de otra manera, quién es capaz de decidir si enviarle una canción a los 40 o de contratar al músico para que represente en una sala llena de intelectuales con gafas?). Está en otro sitio esa frontera que en un mero espectáculo, en una forma de presentación, en la aceptación de ese consejo de sabios que llueven tinta sobre nosotros?

martes, 23 de octubre de 2007

Sesión de fotos














Home, sweet home

He vuelto a casa, a mi vida de todos los días (tan impredecible como siempre), a la confianza, a la seguridad de las caras familiares, de un idioma en el que me desenvuelvo con soltura. 
Este viaje me ha servido para reciclarme un poco, para volver con otra mirada, el tiempo 
y la distancia han jugado a mi favor... he vuelto con esos ojos de los que hablan los viejos. Me he dado cuenta de que hay personas molestas en mi vida, personas con las que sería mejor involucrarme menos porque me resultan una carga, un lastre hundido en el lodazal de su propio cerebro y bastante me empeño yo ya en anclarme al mío. No quiero participar en juegos de los que
desconozco las reglas, no quiero huracanes este año más allá de los de mi pelo.


Las cosas en casa parecen estar igual, aunque nos faltan los mininos habituales ahora tenemos a un nuevo bicho que todavía no tiene nombre. Mis chicos parecen estar bien y eso me hace feliz.
Hoy he visto al cabeza borradora, que hacía muchísimo tiempo que no pasaba una tarde con él. La verdad es que ando bastante mal con la fiebre y la hipocondria, que a cada cinco minutos tengo una nueva enfermedad... pero se me ha iluminado la cara al verle, es que está muy bien, lo noto muy contento, y yo estoy fenomenal respecto al pasado y tengo la seguridad de que este futuro que nos estamos preparando (tal y como él quería, a otro nivel, siendo lo único que podemos ser) va a ser corto e intenso, al estilo mediterráneo que tanto me gusta, cargado de cine, música y libros, ahora que también los podemos compartir... Estamos cerca del final y no voy a derramar ni una lágrima en vano.



A partir de ahora todo, todo será porque merezca la pena, porque así lo crea. No hay segundas oportunidades gratuitas, no hay entrada en mi vida por la puerta trasera, los rastreros a los rastrojos que esto, amigos míos, será un campo de marihuana... Y es que, al fin y al cabo, el placer del dolor si este se convierte en costumbre termina por convertirse en verdadero sufrimiento.

jueves, 18 de octubre de 2007

La culpabilidad vuelve

Es la 1.30 del mediodia, acabo de llegar de fiesta directamente a la escuela, a ver si veia a mis companyeros para quedar con ellos porque es el unico medio que tenemos, pero creo que ellos si que han decidido entrar en clase... Me siento confusa, la de ayer fue una noche rara. Es doloroso tomar las riendas de la propia vida, sobre todo cuando el poso religioso (cristiano en mi caso) se empenya en seguir mezclandose con el agua nueva. Es dificil saber si te has equivocado, si has hecho mal, cuando el remordimiento se diluye en el placer y la satisfaccion y solo queda de el un leve sabor, que viene a ratos, salteado, pero que es jodidamente amargo. Hasta donde es cristianismo y hasta donde es eso a lo que llamo yo? Estoy confundida, prefiero quedarme en el placer e ignorar el juicio, pero el juicio esta ahi, es inevitable, ineludible, el juicio revolotea a mi alrededor como un mosquito gigante al que no puedo aplastar por llevar las manos atadas. Te llamas hija de puta a la cara, y en cierto modo te importa, pero sube por tu espalda el recuerdo de lo bueno (porque que puede ser eso si no es lo bueno?), del porque de la decision. Menos perjudicados que beneficiados, es eso la justicia? Y me siento una hija de puta otra vez por pensar esto, por frivolizar de esta manera, por darme explicaciones, excusas, que solo invento para borrar la culpa. No obstante, me gusta.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Salvia Divinorum

Y yo que me consideraba mistica... y yo que creia que ese punto musulman de mis genes, puntito de hechicera, medio bruja y curandera, me llevaba a comunicarme, a expandirme por los multiversos. Va y resulta que la vida marca mas que la genetica, que el escepticismo ha calado hondo y soy una cabeza de piedra. Mi experiencia de anoche con la salvia fue del todo decepcionante, a pesar de los momentos de completa tranquilidad, de haber acariciado un poco la serpiente mojada de la musica de Pink Floyd. Espero estar preparada hoy para la Amanita Muscaria, esta no me puede fallar. Me siento preparada.
El viernes viene a visitarnos Juan, estoy contenta.
No tengo ganas de irme, tengo miedo, miedo a que todo cambie, a que este anyo no sea igual de bueno que el anterior (que culmino en junio con el titulo de insuperable), a que no me entusiasme lo que hago. Tengo miedo de que cada manyana solo me espere una vida insipida, tengo miedo a perder la ilusion. Pero soy consciente de que la responsabilidad y el trabajo para que eso no sea asi solo recae en mi, debo tomar las riendas de esto y decidir con mano firme y paso seguro. El peso de la decision es doloroso, cada eleccion es una muerte: Caos, La Habana, estudio en Barcelona, Ino-chan, Filosofia... poco a poco, la vida me dejara colarme y acabara impregnada de mi. Como dice mi camiseta de hoy: Nietzsche is my co-pilot.

martes, 16 de octubre de 2007

De los recuerdos, el mas vivo.

El tiempo es un gran maestro y la distancia la mejor de las consejeras. Auriculares, gorrito a la francesa, chupa de cuero y calles mojadas: solo tengo ganas de fundir mi cuerpo con el tuyo. Que me susurres preciosa mientras te estrangulo, que me envuelvas entre tus brazos y me des de beber tu sangre. Entre nosotros no hay enfermedades, ni miedos, solo un sincero apetito de dar y recibir, simple, pero no vulgar, somos sencillos los dos y el mundo se empenya en marginarnos, a cada uno por sus razones, se empenya en darnos de lado, en tacharnos de complicados. Tu quieres ser un indigente, dices, deambular por las calles con tu carton de vino y asustar a los ninyos. Se me dibuja una sonrisa al recordarte desnudo, empapado, revolviendome el pelo y cantandome "que hace un angel como tu en un infierno como el mio?" cuando soy yo la que piensa todo lo contrario. Ese puto infierno que sera solo nuestro, el que inventaste un dia para mi, el que evocas al pensar en mis ojos, ese puto infierno es nuestro paraiso. Lagrimas de felicidad al recordar la ternura de tus manos de orco acariciandome, cuidandome, mimando cada uno de mis deseos. Con esa forma tuya de no ser complaciente y, sin embargo, conseguir satisfacerme hasta en el mas minimo detalle. Guinyos, sonrisas, un kalimotxo que sobrevuela cabezas para terminar en mis manos, un columpio en el bar, ese todo es mejorable que esconde tanto. He aplazado la realidad, pero ya toca volver. Te veo en dos semanas, tu me miraras y seguramente me chocaras la mano por no saber que hacer... yo, como siempre, te tirare de la perilla y te apretare en un abrazo. Y entonces todo volvera a estar claro. No podemos enamorarnos, no necesitamos ese tipo de calor. Sabes que no eres mi hombre y que yo no podria ser tu mujer, sin embargo, aqui estamos. Cuanto tiempo hace ya? Te quiero, tanto como tu al speed con ese corazon mitad de coca y de caballo, "y de la enana, joder, y de la enana, que me envicias demasiao". En la distancia, en las noches frias, por las calles llenas de hojas secas y charcos de agua sucia, eres tu el que vuelve, has sido tu el que se ha quedado.

lunes, 15 de octubre de 2007

El doctor Holmes, el juicio del ser humano.

Septimus, uno de los personajes de Mrs. Dalloway, concretamente el loco, el que debe morir, considera que ha cometido un delito (aunque proclame: Los arboles estan vivos, no existen los delitos y amor, amor universal!), un delito por el que ha dejado de sentir. Virginia Woolf describe perfectamente el sentimiento de culpa por no cumplir los roles sociales que nos son asignados, por lo sentir lo que deberiamos sentir... Septimus esta equivocado, no amar a su esposa, no llorar por la muerte de un amigo, no significa no sentir. Septimus se deshace en lagrimas ante lo que imagina ser la musica de un organillo en la calle, pero no se atreve a abrir los ojos para ver el gramofono del cuarto: "Septimus empezo a abrir los ojos con mucho cuidado, para ver si era cierto que habia alli un gramofono. Pero las cosas reales..., las cosas reales eran demasiado emocionantes. Tenia que tener cuidado. No estaba dispuesto a volverse loco."
Que no tengo corazon, me dicen por ahi, que soy incapaz de sentir, de entregarme. Acaso me habeis visto mirando a mi hermana? cuidando de Ino? Sonriendo a mis amigos? No hay entrega mayor, no me cabe en el pecho mas calor. Ahora estoy yo, emocionandome con el organillo imaginario e incapaz de ver el gramofono que me plantan delante de los ojos. Y que importa? Vuestras convenciones sociales, vuestras imposiciones, vuestro criterio de lo real y lo imaginario, de la locura y la razon, del bien y del mal: nada, nada me pertenece. Dejadme vivir, ya no hay nada que temer, como dice Septimus.
No debes temer ya el ardor del sol
ni del aspero invierno los furores.
Shakespeare

La vida, Londres, aquel instante del mes de junio.

Y es que si se habia vivido en Westminster-cuantos anyos ya?, mas de veinte-, Clarissa estaba convencida de que incluso en medio del trafico, o al despertarse por la noche, se sentia un silencio especial, un no se sabia que de solemne, una pausa que no era posible describir, una ansiedad (aunque eso podia ser su corazon, tocado, decian, por la gripe) que atenazaba antes de que el Big Ben diera las horas. Ya habia llegado el momento! Ya resonaba. Primero, un aviso musical; luego, la hora, irrevocable. Los circulos de plomo disolviendose en el aire. Por que somos tan necios?, se pregunto, mientras cruzaba Victoria Street. Solo Dios sabe por que la amamos tanto, por que la vemos como la vemos, inventandola, construyendola a cada momento; porque hasta las mujeres menos atractivas que pudiera imaginarse, los desechos mas miserables que se sentaban en los umbrales de las puertas (derrotados por la bebida) hacian lo mismo; estaba totalmente convencida de que ninguna ley lograria dominarlos, y por esa misma razon: la de que tambien ellos amaban la vida. En los ojos de la gente, en cada vaiven, paso y zancada, en el fragor y el tumulto, en los coches de caballos, automoviles, omnibus, camionetas, hombres-anuncio que giraban y arrastraban los pies, en las bandas de musica, en los organillos, en el jubilio y el tintineo y el extranyo canto agudo de algun aeroplano que cruzaba el cielo, estaba lo que ella amaba: la vida, Londres, aquel instante del mes de junio.
Mrs. Dalloway, Virginia Woolf.

viernes, 12 de octubre de 2007

From London to Paris

Llevo casi dos semanas en la ciudad monocular, London town, disfrutando de los dias de niebla y sol templado, paseando por Westminster con La Senyora Dalloway, infiltrandome en los suburbios de Whitechapel y Brixton siguiendo el rastro de Jack the ripper (que no Jacques Derrida) y negociando tabaco por unos tragos en la zona posh. Todavia me queda mucho por hacer aqui, mucha gente por conocer y muchas calles que transitar. Pero ahora se me ha presentado un nuevo plan, suculento y soleado: Paris, oh la-la. El dia 22 dejo a Virginia y me voy con Deleuze, a leerlo en su tierra, en su atmosfera, bajo su mismo sol y arropada por el mismo ajetreo... Una semana, solo una semana.
Despues la vuelta a Valencia, la llegada a casa (con todos los cambios de la ultima semana, asustada por lo que me espera, impaciente por los abrazos).