lunes, 29 de octubre de 2007

Desequilibrio e identidad


Unos y otros -mandobedientes y libertarios- compartimos la misma situación: una existencia capaz de darse innumerables perfiles, aunque sometida en todos ellos a duras condiciones de mantenimiento. Recurrir una y otra vez al exterior -el aguijón del hambre- se añade al imperativo de asegurar una interioridad defendida de la intemperie, y sólo desde esa camisa de fuerza otea el viviente algún goce. Pero sacamos fuerzas de flaqueza, y los goces compensan el esfuerzo.

Así como la naturaleza entrega los seres
a la aventura de su denso deseo, y
no protege a ninguno en su terruño o ramaje,
tampoco nos quiere más a nosotros
el fundamento de nuestro ser; se arriesga con nosotros.
Sólo que nosotros, más aun que la planta o el animal,
vamos con este arriesgar, lo queremos, y aun a veces
somos más arriesgados (y no por egoísmo)
que la vida misma, un soplo más arriesgados.
R.M. Rilke, en Sendas perdidas, de Martin Heidegger.

Extracto de Caos y orden, de Antonio Escohotado.

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