He vuelto a casa, a mi vida de todos los días (tan impredecible como siempre), a la confianza, a la seguridad de las caras familiares, de un idioma en el que me desenvuelvo con soltura.
Este viaje me ha servido para reciclarme un poco, para volver con otra mirada, el tiempo
y la distancia han jugado a mi favor... he vuelto con esos ojos de los que hablan los viejos. Me he dado cuenta de que hay personas molestas en mi vida, personas con las que sería mejor involucrarme menos porque me resultan una carga, un lastre hundido en el lodazal de su propio cerebro y bastante me empeño yo ya en anclarme al mío. No quiero participar en juegos de los que
desconozco las reglas, no quiero huracanes este año más allá de los de mi pelo.
Este viaje me ha servido para reciclarme un poco, para volver con otra mirada, el tiempo
y la distancia han jugado a mi favor... he vuelto con esos ojos de los que hablan los viejos. Me he dado cuenta de que hay personas molestas en mi vida, personas con las que sería mejor involucrarme menos porque me resultan una carga, un lastre hundido en el lodazal de su propio cerebro y bastante me empeño yo ya en anclarme al mío. No quiero participar en juegos de los que
desconozco las reglas, no quiero huracanes este año más allá de los de mi pelo.

Las cosas en casa parecen estar igual, aunque nos faltan los mininos habituales ahora tenemos a un nuevo bicho que todavía no tiene nombre. Mis chicos parecen estar bien y eso me hace feliz.
Hoy he visto al cabeza borradora, que hacía muchísimo tiempo que no pasaba una tarde con él. La verdad es que ando bastante mal con la fiebre y la hipocondria, que a cada cinco minutos tengo una nueva enfermedad... pero se me ha iluminado la cara al verle, es que está muy bien, lo noto muy contento, y yo estoy fenomenal respecto al pasado y tengo la seguridad de que este futuro que nos estamos preparando (tal y como él quería, a otro nivel, siendo lo único que podemos ser) va a ser corto e intenso, al estilo mediterráneo que tanto me gusta, cargado de cine, música y libros, ahora que también los podemos compartir... Estamos cerca del final y no voy a derramar ni una lágrima en vano.
A partir de ahora todo, todo será porque merezca la pena, porque así lo crea. No hay segundas oportunidades gratuitas, no hay entrada en mi vida por la puerta trasera, los rastreros a los rastrojos que esto, amigos míos, será un campo de marihuana... Y es que, al fin y al cabo, el placer del dolor si este se convierte en costumbre termina por convertirse en verdadero sufrimiento.

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