Es la 1.30 del mediodia, acabo de llegar de fiesta directamente a la escuela, a ver si veia a mis companyeros para quedar con ellos porque es el unico medio que tenemos, pero creo que ellos si que han decidido entrar en clase... Me siento confusa, la de ayer fue una noche rara. Es doloroso tomar las riendas de la propia vida, sobre todo cuando el poso religioso (cristiano en mi caso) se empenya en seguir mezclandose con el agua nueva. Es dificil saber si te has equivocado, si has hecho mal, cuando el remordimiento se diluye en el placer y la satisfaccion y solo queda de el un leve sabor, que viene a ratos, salteado, pero que es jodidamente amargo. Hasta donde es cristianismo y hasta donde es eso a lo que llamo yo? Estoy confundida, prefiero quedarme en el placer e ignorar el juicio, pero el juicio esta ahi, es inevitable, ineludible, el juicio revolotea a mi alrededor como un mosquito gigante al que no puedo aplastar por llevar las manos atadas. Te llamas hija de puta a la cara, y en cierto modo te importa, pero sube por tu espalda el recuerdo de lo bueno (porque que puede ser eso si no es lo bueno?), del porque de la decision. Menos perjudicados que beneficiados, es eso la justicia? Y me siento una hija de puta otra vez por pensar esto, por frivolizar de esta manera, por darme explicaciones, excusas, que solo invento para borrar la culpa. No obstante, me gusta.
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2 comentarios:
ufff
Va a ser que es muy delgada la línea que divide la hijaputez de lo "bueno"
Andá a saber...
¿El placer del pecado?
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