domingo, 9 de septiembre de 2007

Cosas que digo cuando nadie me escucha


Bartleby, el protagonista del cuento de Herman Melville Bartleby, el escribiente, representa un paradigma de resistencia ante el panoptismo, ante el nuevo modelo de vigilancia constante que ha reemplazado en el último siglo al conocimiento de sí a través del reconocimiento de una Verdad auténtica y un Dios verdadero. La creación poética de uno mismo presupone una deconstrucción de lo dado, como ya hemos visto, así como una resistencia. Bartleby se crea un espacio de resistencia desterritorializado, siguiendo una terminología deleuziana, una subjetividad propia que escapa a los procesos de creación de identidades impuestos por la sociedad de control. Sin embargo, una identidad desterritorializada, libre, supone acabar con el antiguo concepto de identidad rompiendo los esquemas lógicos aristotélicos. El yo deviene múltiple, al signo = de la relación lógica de identidad A=A ya no le sigue otra A, ni siquiera tiene por qué seguirle una letra, es más, ni siquiera tiene ya sentido la primera. El sujeto desterritorializado es un sujeto siempre en movimiento al que si hubiera que encerrarlo en los estrechos límites de una definición sólo podríamos hacerlo con las palabras constante búsqueda. Escapa a toda posibilidad de jerarquía y delimitación, y su posibilidad de indiferenciación está rota desde el principio tanto respecto de los otros, del afuera, como respecto de sí mismo. La diferencia es su identidad, por paradójico que resulte, y la clave de su resistencia.

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