martes, 18 de septiembre de 2007

El hombre valiente

Las mujeres de la plaza aplauden el desfile y vitorean a la víctima. Hoy otro valiente, otro héroe, será sacrificado en nombre de la justicia. Los niños forman piña, alguna se limpia la nariz pecosilla con el reverso de la mano gimoteando, otro está rojo de rabia y patalea, unos cuantos ríen tramando alguna travesura... En el pueblo hoy sólo ha habido agitación, la panadera ha sacado un puesto a la calle y vende migas a los paisanos que van a ver la ejecución, pero casi nadie compra y ella casi ni se preocupa. Hoy todo es ese Hombre, ese valiente que se atrevió a decir no en nombre de todos. Ninguno sabe cómo se llama, algunos han empezado a llamarle Jesús para provocar, pero todos son conscientes de que no tiene nada de Santo, ni de Mártir. Muere en nombre de la justicia y por la justicia, muere defendiendo a un pueblo y a una gente, pero su acto es completamente egoísta. ¿Qué decir de este hombre? Arrastrado por el suelo por dos caballos, sostenido por los hombros, está llorando, rabioso, triste, asustado... Es un hombre cualquiera, se cagará en Dios y en el Rey cuando le quemen el pecho, pedirá clemencia y le ofrecerán la horca. No es un valiente de los libros de texto, ni de las películas de Hollywood. No es William Wallace, ni Juana de Arco, ni el Ché, ni Sadam. ¿Dónde está su valentía? ¿Dónde su espíritu revolucionario? ...

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