miércoles, 12 de septiembre de 2007

El peso del mundo


Todos los caminos de mi mente llevan a ti.
Tú eres todos mis paraderos.
Tú; miseria, soledad, desidia…
cansancio de vivir sin vivir en ti.
Me arrulla la noche con su manto encarnado
tiemblan mis manos solitarias
hambrientas de caricias
mientras sólo reciben arañazos
de despedidas innecesarias.
Tal vez la muerte me aguarde
en cualquiera de las esquinas
que me llevan a tu casa
y no importará nada si puedo rozarte
…por última vez.
Es extraño sentirse fuerte tendida en el suelo,
los sentimientos son parte de nosotros
pero no encuentran su reflejo en el mundo:
la realidad no se hizo para ellos.
Mi lengua llora un dulce dolor
y me asegura que algún día
cuando ya no queden sacrificios
podré olvidar tu nombre.
Si me amaras, si tú me amaras
podría volver a mirarme en el espejo
podría volver a escribir sonetos
y sonreír… para ti.
Ahora sufro una merecida pena:
la indiferencia de mí
el vacío del yo
condena de los débiles
castigo de los cobardes.
Soledad en la masa ¡doloroso lugar común!
Abrázame fuerte, olvido,
corta la hemorragia de mi pecho
no dejes que con la sangre se me escape
el insoportable y tierno peso del mundo.

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