Me fascina el terror, tal vez por eso dedico mi tiempo a despertar monstruos. Abro la tapa de su ataúd y dejo que chirríe. Es un gesto de lo más masoquista que, como todos los gestos masoquistas, encierra un profundo placer indescriptible, inefable... "El orgasmo está ahí, no es metafísica, ni ontología, no hay epistemología posible, ni siquiera cabe nombrarlo porque no estaríamos diciendo nada". El orgasmo producido por el miedo, por el terror más oscuro y siniestro, por la contemplación directa de cierto apocalipsis -cada muerte particular- es lo que persigo, lo rastreo con cada pensamiento, es más, lo busco en el Pensamiento. El placer de pensar la transgresión, la violación de la historia, es el placer de provocar el aborto de nosotros mismos con cada palabra. El contraste entre lo vivo y lo muerto, la dialéctica entre ambos (los vivos ven las fauces de la muerte con el mismo espanto que los que se encuentran al otro lado del espejo... los escalofríos de la amenaza de vida para un muerto) asusta y seduce, ahí es donde encuentro lo sublime. Vuelvo al orgasmo, a lo que no se puede pensar, a lo que es vida pura: derribo sus altos muros o tal vez los desplazo más allá. He ahí la importancia de lo que hago, he ahí por lo único que vale la pena. Crear un espacio nuevo donde ubicábamos el non plus ultra, es más, crear un espacio nuevo en el mismo suelo que pisaba un instante antes. El pensamiento consiste en trazar un mapa cada vez, un mapa sin señales, sin marcas, sin rutas repetibles. La vía experimental para la demostración consiste en cargarnos con unas pautas, unos pasos, normas y guías tales que posibiliten el mismo resultado para cualquiera que quisiera repetirlo. Esto es todo lo contrario: mi mapa es un antimapa, cualquiera que lo use se verá obligado a trazar su propio camino según camina y seguramente nunca se cruce con el mío... Ni siquiera yo puedo retomar mis propias huellas la siguiente vez que vuelvo la vista sobre él. Esto es el terror, este es el orgasmo, el placer del terror. La instalación en lo líquido, en lo móvil y contingente, la ausencia de rutas seguras, de roca dura, de orillas en las que reposar, la visión de la estepa o del mar abierto, el vacío del sinsentido: eso, eso es el miedo.
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3 comentarios:
Ándate con ojo, porque la vida absolutamente móvil es la esquizofrenía, la pérdida de sentido y de referente..., y eso no mola...
Dicho con mucho cariño de uno de tus bitxejos...
tú eres el menos indicado para amenazarme con esquizofrenias... anda que ya te vale, culoinquieto!! :p
Jajajajajajaja!! Pues por eso te lo digo, precisamente!!
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