miércoles, 28 de enero de 2009

El cielo son los demás

Estúpidamente melancólica hoy me he recorrido la línea de playa en el tranvía, observando amanecer la ciudad. Valencia a veces despierta en colores intensos y el cielo pinta Monet, entonces yo me enamoro otra vez de ella. Prendada de las calles antiguas del Cabañal, de ese justo instante en el que la tranquilidad da paso al bullicio de las diez de la mañana, no puedo dejar de observar atónita a las gentes que me miran aún con ojos de sueño. Charlo con una joven al bajar del tranvía recorriendo Serrería, dejo que me enamore con sus sentimientos a flor de piel, de adolescente que lucha por vivir en un mundo que le muestra resistencia. Casi sin parpadear escucho su vida, los pormenores que revela a desconocidas amables y con pinta de estar más perdidas que ella. Sigo sus pasos regalándole sonrisas y es maravilloso notar cómo se introduce su ilusión en mi vientre y me ilumina la cara. De algún modo ambas nos hemos alegrado la mañana, la una relatando durante cinco minutos, la otra escuchando sonriente. Entonces se disipa ese sentimiento de culpa que me rondaba los últimos días, entonces se apaciguan las llamas del infierno que dicen que son los demás y me elevo diez centímetros sobre el suelo sin dejar de mirarla a mi lado.

2 comentarios:

Esther dijo...

T'estimu reina mía

Minusmal dijo...

He llegado aquí buscando una camiseta... Nietzche is my copilot. Al parecer la llevabas un día que probaste la Salvía. A mi sí me gustó. Hace años de eso, suficientes supongo. Me he dado el placer de leerte. Me gusta como escribes. Espero que no lo hayas dejado...